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En este sencillo símbolo tienen una imagen de la tarea que el discípulo debe realizar en el sendero. Este otro diagrama puede ayudar a clarificarlo:

Aquí tenemos "el nueve de la iniciación", o la trasmutación de nueve fuerzas en energías divinas.

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El hilo de la conciencia (antakarana) resultado de la unión de la vida con la sustancia de las energías fundamentales, constituye la primera diferenciación en tiempo y espacio; esto produce algo diferente que sólo surge como tercera manifestación divina, después que ha tenido lugar la unión de las dualidades básicas; es el hilo que se teje debido a la aparición de la vida dentro de la forma, en el plano físico. Hablando nuevamente en forma simbólica se podría decir que el sutratma actúa de arriba hacia abajo, y es la precipitación de la vida a la manifestación externa. El antakarana se teje, se desarrolla y se crea, como resultado de esta creación primaria, y actúa de abajo arriba, de lo externo a lo interno, desde el mundo fenoménico exotérico al mundo de las realidades subjetivas y de significados.

Este "Sendero de Retorno", mediante el cual la raza se aparta del énfasis puesto sobre lo externo y empieza a reconocer y a registrar los conocimientos conscientes internos de lo que no es fenoménico, ha alcanzado ya (por el proceso evolutivo) un grado de desarrollo en el cual algunos seres humanos pueden seguir este sendero que va desde la conciencia física a la emocional y de ésta a la mental. Esta parte del trabajo ha sido realizada en millares de casos y lo que ahora se requiere es aplicar este poder con facilidad y corrección. Este hilo de energía, matizado por la respuesta consciente y sensible, es coloreado luego por la conciencia discernidora de la mente, lo cual produce esa integración interna que hace del hombre oportunamente un eficiente ser pensante. Al principio este hilo se usa exclusivamente para los fines egoístas del yo inferior, fortaleciéndose progresivamente y haciéndose más potente, a medida que transcurre el tiempo y se convierte en un definido, claro y fuerte hilo que va desde la vida física externa, desde un punto dentro del cerebro, directamente hasta el mecanismo interno, hilo que no se identifica con el mecanismo, sino con la conciencia del hombre. Por medio de este hilo el hombre se hace consciente de los numerosos tipos de su vida emocional (observen esta fraseología) y a través de él llega a tener conciencia del mundo del pensamiento; entonces aprende a pensar y comienza a actuar conscientemente en el plano mental, en el que viven, se mueven y tienen su ser los pensadores de la raza, grupo que va en constante aumento.

Así progresivamente aprende a recorrer el sendero de la conciencia, deja de identificarse con la forma animal externa y aprende a identificarse con las cualidades y atributos internos. Vive antes la vida de los sueños y después la vida de los pensamientos. Entonces llega el momento en que ha completado el aspecto inferior del antakarana y consumado la primera gran unidad consciente. El hombre es ya una personalidad integrada, consciente y viviente. El hilo de continuidad entre los tres aspectos inferiores del hombre queda establecido y puede ser utilizado. Si puedo emplear tal término, diré que se extiende (intento dar un ejemplo totalmente ilustrativo) desde el centro de la cabeza hasta la mente, que a su vez es un centro de energía en el mundo del pensamiento. Al mismo tiempo el hilo de la conciencia o antakarana, está entretejido con el hilo de la vida o sutratma, que surge del centro del corazón. El objetivo de la evolución en la forma queda así casi completado.

Alcanzada esta etapa, continúa la sensible búsqueda externa en el universo circundante. El hombre teje un hilo parecido al que teje tan admirablemente la araña. Busca más internamente en su medio ambiente y descubre entonces un aspecto de sí mismo que ni ha soñado en las primeras etapas de su desarrollo. Descubre el alma y pasa por la ilusión de la dualidad, etapa necesaria, aunque no permanente, la cual caracteriza al aspirante en este ciclo mundial, o quizá debería decirse en este período mundial o manvantara. Trata de fusionarse con el alma y de identificarse él, la personalidad consciente, con el alma influyente. Aquí, técnicamente hablando, debe comenzar la verdadera construcción del antakarana, el puente entre la personalidad y el alma.

El reconocimiento de lo anterior es el problema que enfrenta hoy el docente moderno. Este problema siempre ha existido, pero hasta ahora se ha relacionado más con el individuo que con el grupo. Actualmente concierne al grupo, pues gran parte de los hijos de los hombres están

preparados para construir este puente. A través de las edades los seres humanos han erigido puentes individuales entre lo superior y lo inferior, pero el proceso evolutivo ha progresado tanto que ha llegado el momento en que sé comprenda grupalmente esta técnica emergente, construcción grupal que conducirá a la consiguiente y subsiguiente revelación grupal. Esto ofrece una nueva oportunidad en el campo de la educación. Indica la responsabilidad del educador y señala la necesidad de un nuevo planteamiento de los métodos educativos. Debe considerarse "la aspiración grupal" y construirse el antakarana grupal. Cuando esto se comprenda correctamente no se negará el esfuerzo individual, sino que deberá tenérselo en cuenta, pues la comprensión grupal ayudará grandemente al individuo.

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La Técnica de la Construcción

Tengo la intención de ser muy práctico. La construcción del antakarana (conscientemente emprendida en el sendero del discipulado) es un proceso que se sigue de acuerdo a antiguas y comprobadas reglas. Cuando son correctamente seguidas, la secuencia de los sucesos y la aparición de los resultados deseados son inevitables e ineludibles. Gran parte de lo que podría decir, relacionado con las realidades subjetivas, tendrá poco valor para el estudiante común, pues

—siendo hechos existentes y ocultos en un proceso natural— son todavía irrealizables. Mi problema consiste en presentar el proceso de tal manera que —al fin de este siglo— lleve a los educadores a pensar, hablar y enseñar en términos de construcción del puente, acercándose así a los enunciados básicos que tienen una influencia definida sobre el punto que estamos considerando. Quisiera recapitular aquí muy suscintamente algunos de ellos, para su atención: 1. Fuerza‐Conocimiento, se expresa por medio del hilo de la conciencia y del hilo creador.

2. Estos dos hilos son, para el discípulo, una fusión de conocimientos anteriores (el hilo de la conciencia) y actuales (el hilo creador).

3. El hilo de vida, o mejor dicho el sutratma, está estrechamente fusionado con ambos.

Tenemos entonces atma‐budi‐manas (el último es el agente creador), funcionando hasta cierto grado, conscientemente, en el aspirante.

4. La fusión de la personalidad y el alma está en proceso, pero cuando ha alcanzado cierto punto, es evidente que se necesita de la creatividad o actividad creadora de la voluntad, para tender el puente entre la Tríada espiritual y la personalidad, vía el alma.

5. El puente que debe ser construido se denomina, técnicamente, antakarana.

6. Este puente debe ser construido por el aspirante centrado en el plano mental, puesto que debe emplearse sustancia mental (en tres grados), y los tres aspectos de la mente —el átomo manásico permanente, el Hijo de la Mente o Ego, y la unidad mental— se hallan involucrados en el proceso.

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Seis Etapas del Proceso de Construcción

He empleado seis palabras para expresar este proceso y su condición resultante. Será útil estudiarlas desde el ángulo de su significación oculta —significación que por lo general no es aparente, excepto para el discípulo entrenado, a quien se le ha enseñado a penetrar en el mundo de significados y a interpretar aquello que no es evidente para el neófito. Quizás, para cuando hayamos investigado estas palabras, el método de construcción y el medio por el cual el antakarana se construye, aparecerán con mayor claridad.

Estas palabras definen una técnica de construcción o proceso de manipulación de energía, que trae a la existencia una relación entre la mónada y el ser humano que aspira alcanzar la plena liberación y huella el sendero del discipulado y de la iniciación, y puede crear un canal de luz y vida entre los aspectos divinos superior e inferior y construir un puente entre el mundo de la vida espiritual y el de la vida diaria en el plano físico. Constituye una técnica para producir el tipo más elevado de dualismo y para eliminar la triple expresión de la divinidad, intensificando por este medio la expresión divina y acercando al hombre a su meta final. Los discípulos deben recordar siempre que la conciencia egoica es una etapa intermedia. Es también un proceso por el cual —desde el ángulo de los reinos subhumanos de la naturaleza—

la humanidad misma se convierte en intermediario divino y en transmisor de energía espiritual para esas vidas cuyas etapas de conciencia están por debajo de la auto‐conciencia. La humanidad llega a ser para esas vidas —en su totalidad— lo que la Jerarquía para la humanidad. Este servicio será únicamente posible cuando la raza humana en número suficiente, se caracterice por el conocimiento de la dualidad superior y sea cada vez más consciente del alma y no sólo del yo. Entonces podrá ser trasmitida dicha energía por medio del antakarana.

Por lo tanto, consideraremos los seis aspectos de una técnica básica de construcción y nos esforzaremos por llegar a su significado esotérico y creador.

1. Intención. Esta palabra no significa decisión, deseo o determinación mental. La idea, en forma más literal, es el enfoque de la energía en el plano mental, en el punto de máxima tensión posible. Significa la creación de una condición en la conciencia del discípulo, análoga a la del Logos cuando –en Su escala mucho más vasta– concentró dentro de su

"círculo no se pasa" (definiendo Su esfera de influencia deseada) la sustancia –energía necesaria para llevar a cabo Su propósito de manifestación. Esto debe hacerlo también el discípulo, reuniendo sus fuerzas (empleando una expresión común) en el punto más elevado de su conciencia mental, manteniéndolas allí en un estado de tensión absoluta. Pueden ver el propósito subyacente en algunos de los procesos y técnicas de meditación, tal como está representado en las palabras, muy a menudo empleadas en los delineamientos de meditación:

"elevar la conciencia al centro de la cabeza", "mantener la conciencia en el punto más elevado posible", "esforzarse por mantener la mente firme en la luz" y muchas otras expresiones similares. Todas conciernen a la tarea de llevar al discípulo a la etapa en que pueda lograr el punto deseado de tensión y enfoque de energía. Esto le permitirá iniciar conscientemente la tarea de construcción del antakarana. Tal es el pensamiento que en realidad subyace, sin que se lo reconozca, en la palabra "intención", tan a menudo empleada por los Católicos Romanos y Anglo Católicos cuando preparan aspirantes para la comunión.

Sin embargo, ellos señalan una dirección diferente, porque su orientación no se dirige hacia la mónada o espíritu, sino hacia el alma, en un esfuerzo para que la personalidad adquiera un mejor carácter y se intensifique el acercamiento místico.

Cuando se trata de la "intención" del discípulo que está conscientemente construyendo el arco iris, los primeros pasos necesarios son:

a. El logro de la correcta orientación, debiendo efectuarse en dos etapas: primero, hacia el alma como aspecto de la energía constructora; segundo, hacia la Tríada, b. La comprensión mental de la tarea que debe realizarse. Esto involucra el empleo de la mente, de dos maneras: respuesta a la impresión búdica o intuitiva, y actuación de la imaginación creadora.

c. El proceso de reunir energía o de absorber fuerza, a fin de que las energías necesarias sean confinadas dentro de un "círculo no se pasa" mental, previamente al posterior proceso de visualización y proyección.

d. Un período en que se debe pensar con claridad acerca del proceso y la intención, para que el consagrado constructor del puente pueda percibir con claridad lo que se está realizando.

e. Mantener constantemente la tensión sin ejercer indebida presión física sobre las células del cerebro.

Cuando esto se haya logrado se producirá un punto focal de energía mental que anteriormente no existía; la mente se mantendrá firme en la luz y se establecerá también el alineamiento de una personalidad receptiva y atenta y un alma orientada hacia la personalidad en un estado de constante percepción dirigida. Quisiera recordarles que el alma (como vive su vida en su propio nivel de percepción) no siempre es consciente de su sombra, la personalidad, en los tres mundos.

Cuando el antakarana está en construcción, la percepción debe acompañar a la intención de la personalidad.

2. Visualización. Hasta aquí la actividad ha sido de naturaleza mental. La imaginación creadora ha permanecido relativamente pasiva; la actividad del discípulo ha sido dentro de su mente y en los niveles mentales, sin mirar "arriba ni abajo". Pero ha alcanzado el punto correcto de tensión; la reserva o el necesario depósito de energía estuvo restringido dentro de un cuidadosamente delimitado "círculo no se pasa", y el constructor del puente está preparado para dar el paso siguiente. En este punto crea, por lo tanto, el anteproyecto del trabajo que debe realizar, extrayéndolo de su imaginación y facultades, tal como se encuentra en el nivel más elevado de su vehículo astral o sensible. Esto no tiene relación con las emociones. Como bien saben, la imaginación es el aspecto inferior de la intuición, y este hecho debe ser recordado en todo momento. La sensibilidad, como expresión del cuerpo astral, es el polo opuesto de la sensibilidad búdica. El discípulo ha purificado y refinado sus facultades imaginativas de manera que ahora responden a la impresión del principio búdico o de la percepción intuitiva –percepción independiente de la vista o cualquier visión que pudiera registrarse. De acuerdo a la respuesta del vehículo astral a la impresión búdica, así será la exactitud de los "planes"

proyectados para la construcción del antakarana y la visualización del puente de luz en toda su belleza y plenitud.

La imaginación creadora debe acelerar su naturaleza vibratoria para poder afectar la

"reserva de energía" o la sustancia‐energía acopiada para la construcción del puente. La actividad creadora de la imaginación es la primera influencia organizadora que actúa sobre y dentro del círculo no se pasa de las energías acumuladas, mantenidas en estado de tensión por la "intención" del discípulo. Reflexionen sobre esta afirmación esotérica y significativa.

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