Por lo tanto, habrá muchos que se están preparando para iniciar esta tarea de construcción del arco iris y que, bajo la influencia de la Sabiduría Eterna, captan la necesidad e importancia de la revelación que este proceso imparte.
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Lo que nos concierne es el trabajo que realizan los “constructores del puente”. Primero, puedo asegurar que la verdadera construcción del antakarana sólo tiene lugar cuando el discípulo comienza a enfocarse definidamente en niveles mentales, y por lo tanto, cuando su mente actúa inteligente y conscientemente. En esta etapa, debe empezar a tener una idea más exacta que hasta ahora, respecto a la diferencia que existe entre el pensador, el mecanismo pensante y el pensamiento, empezando por su función esotérica dual, que es: 1. El reconocimiento y la receptividad de las IDEAS.
2. La facultad creadora para construir conscientemente formas mentales.
Esto implica necesariamente una fuerte actitud mental y la reorientación de la mente hacia la realidad. Cuando el discípulo comienza a enfocarse en el plano mental (intención primordial del trabajo de meditación), empieza a trabajar en materia mental y se entrena en los poderes y usos del pensamiento. Logra cierta medida de control mental, y puede dirigir el faro de la mente en dos direcciones, hacia el mundo del esfuerzo humano y el mundo de la actividad del alma. Así como el alma se abre camino proyectándose en un hilo o corriente de energía en los tres mundos, así el discípulo se proyecta conscientemente hacia los mundos superiores. Su energía va, por medio de la mente controlada y dirigida, al mundo de la mente espiritual superior y al reino de la intuición.
De esta manera se establece una actividad recíproca. De esta respuesta entre la mente superior y la inferior se habla simbólicamente en términos de luz, y el “camino iluminado” viene a la existencia entre la personalidad y la Tríada espiritual, por intermedio del cuerpo del alma, así como el alma se puso en contacto definido con el cerebro por medio de la mente. Este “camino iluminado” constituye el puente iluminado. Es construido por medio de la meditación, por el
esfuerzo constante para atraer la intuición, por la subordinación y obediencia al Plan (que empieza a ser reconocido tan pronto como la intuición y la mente están en estrecha relación) y por la consciente incorporación al grupo para servir con el propósito de ser asimilado en el todo. Estas cualidades y actividades sientan su base sobre los cimientos del buen carácter y las cualidades desarrolladas en el sendero de probación.
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La etapa de abstracción, o el período en que se logra la plena orientación, se esclarece el camino hacia el Ashrama y el discípulo comienza a construir el antakarana entre la personalidad y la Tríada espiritual. En esta etapa la naturaleza de la voluntad es vista tenuemente y su reconocimiento implica que existe “un centro donde la voluntad de Dios es conocida”.
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El plano mental es similar a una gran corriente de conciencia o sustancia consciente, y debe ser construido el antakarana para poder cruzarla. Este es el concepto que subyace detrás de esta enseñanza y del simbolismo del sendero. Antes de que un hombre pueda hollar el sendero debe convertirse en el Sendero mismo. Con la sustancia de su propia vida debe construir este “arco iris”
o Camino Iluminado. Lo teje y ancla, así como la araña teje el hilo por el cual se desplaza. Cada uno de sus tres aspectos divinos contribuye a la construcción de ese puente, y el momento de construirlo es indicado cuando su naturaleza
inferior:
1. Se ha orientado, regulado y también es creadora.
2. Reconoce y reacciona al contacto y control del alma.
3. Es sensible a las primeras impresiones de la monada. Esta sensibilidad se evidencia cuando existe:
a. Sumisión a la “voluntad de Dios”, o del gran Todo.
b. Desarrollo de la voluntad espiritual interna, trascendiendo todos los obstáculos.
c. Colaboración con el propósito de la Jerarquía ‐la interpretadora voluntad de Dios, expresada en amor.
He enumerado estas tres respuestas, porque todos los aspectos divinos están relacionados con el antakarana y deben ser definidos y condicionados en el plano mental. Están allí expresándose en la sustancia
1. La mente concreta inferior.
El sentido común receptivo.
El aspecto superior de la naturaleza forma.
El reflejo de atma, la voluntad espiritual.
El centro laríngeo.
Conocimiento.
2. La mente individualizada.
El alma o ego espiritual.
El principio medio, Budi‐manas.
El reflejo de la mónada en la sustancia mental.
Amor‐sabiduría espiritual.
El centro cardíaco.
Amor.
3. La mente abstracta superior.
La transmisora de budi.
El reflejo de la naturaleza divina.
El amor intuitivo, la comprensión, la inclusividad.
El centro coronario.
Sacrificio.
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